Al llegar el verano nos cansamos de escuchar que el sol es el principal causante del envejecimiento prematuro. ¿Pero qué pasa durante el resto del año?¿No envejecemos puesto que no tomamos el sol?

La alimentación es el gran arma que tenemos de construcción o de destrucción en función de cómo la utilicemos.
Hace unos días, alguien me preguntó sobre algo que había leído en algún sitio llamado «glicación».

El azúcar es tan adictivo como la cocaína y eso lo sabe bien la industria alimentaria que procesa los alimentos para que nos «apetezcan» incorporándoles una dosis innecesaria de azúcar, entre otros aditivos.

Un consumo excesivo de azúcar provoca una subida de la glucosa en la sangre y por tanto en la piel. Las moléculas de azúcar se pegan a las proteínas destruyendo las fibras de colágeno y elastina, degradando el tejido de sostén y provocando que se cree además, colágeno de mala calidad.

El resultado será una piel blanda, descolgada y con aspecto apagado y amarillento. Pero si además sumamos esto a una mala gestión solar en las épocas estivales, no esperemos que la piel se mantenga vitalizada y lozana.

Actualmente, la nutricosmética ha avanzado mucho y se nos ofrece cantidad de nutricosméticos que nos pueden aportar dosis extras de antioxidantes que seguramente estén escasos en la dieta.
Tomar muchos antioxidantes nunca va a estar demás. Por lo que cualquier aportación siempre será bienvenida.

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La famosa dieta mediterránea puede hacer mucho por nosotros si sabemos escoger los alimentos adecuados y los cocinamos bien.
Tomar vegetales crudos, cocinar al vapor o a fuego lento son consejos de dieta saludable favorable para la piel.

Por supuesto, saber elegir bien tu protector solar es otro punto fundamental, pero de eso ya os he hablado…

Saluditoos!